En 1994, Benjamin Netanyahu, en su libro titulado “La lucha contra el terrorismo”, propuso que, en lugar de enfocarse en los grupos que él calificaba como terroristas, era necesario derrocar a los gobiernos que los apoyaban. En su lista mencionó a Libia, Irak, Sudán, Siria e Irán.

Desde entonces, Estados Unidos ha derrocado a los regímenes de Irak y Libia mediante intervenciones militares directas y apoyó las revueltas contra Omar al-Bashir, lo que llevó a la caída del gobierno sudanés. En 2011, Estados Unidos también intentó, junto con sus aliados y grupos yihadistas, derrocar a Bashar al-Assad en Siria. Sin embargo, el apoyo militar de Rusia e Irán impidió la caída del régimen sirio.
Ahora, con la maquinaria militar rusa profundamente involucrada en la guerra de Ucrania, e Israel logrando reducir significativamente la influencia de Irán en la región, los grupos yihadistas han vuelto a fijar su mirada en Damasco para eliminar a otro enemigo de Israel. En este contexto, Erdogan, que mantiene tensiones con Assad, se ha mostrado más abierto que otros en participar en este esfuerzo por derrocar al líder sirio.
De los regímenes que Netanyahu propuso eliminar para facilitar los intereses de Israel, solo queda la República Islámica de Irán. Estados Unidos no ha podido involucrarse directamente en una guerra contra Irán como desea Israel, pero ha respaldado cualquier acción israelí destinada a debilitar al régimen iraní.
Por: Sattar Saeedi, periodista

