Afortunadamente, parece que los jihadistas sirios, hasta ahora, no tienen la intención de formar un gobierno islámico del tipo de la “calamidad sagrada” que ha afligido a Afganistán.
El líder de los jihadistas sirios no se proclama Emir de los Creyentes ni representante de Dios; él está presente, visible, accesible. Las personas (incluso las mujeres) lo ven en las calles y plazas, interactúan con él e incluso se toman fotos a su lado. En contraste, el líder de los jihadistas afganos, quien se autoproclama representante de Dios y Emir de los Creyentes, gobierna el país con una sola foto tipo pasaporte.

Los jihadistas sirios hablan de redactar una constitución y avanzar hacia elecciones, mientras que los jihadistas afganos desde el principio declararon que “la sharía islámica es suficiente para nosotros”. Durante tres años y medio, el pueblo devoto de Afganistán ha estado “disfrutando” de la implementación de la sharía, consolándose con el hecho de que aquellos que solían cometer atentados suicidas ahora son ministros, directores y responsables de seguridad.
Los jihadistas sirios afirman que durante los años en que gobernaron en Alepo, las universidades estaban abiertas tanto para hombres como para mujeres, y prometen que en el futuro será igual en todo el país. En contraste, el orgullo de los jihadistas afganos radica en haber quemado escuelas y detonado universidades durante 20 años, todo para establecer el islam como sistema de gobierno. Ahora, la preocupación del pueblo religioso de Afganistán es debatir si el Profeta del Islam permitió a sus esposas estudiar hace 14 siglos.

En Siria, un joven educado ocupa el cargo de ministro de Relaciones Exteriores; en Afganistán, todos los asuntos están en manos de clérigos hombres, analfabetos, de largas barbas y grandes barrigas.
Los jihadistas sirios han puesto a una mujer a cargo de los asuntos relacionados con las mujeres. En Afganistán, sin embargo, según la interpretación de la sharía preferida por la mayoría, las mujeres no tienen otra tarea que parir y amamantar, ni otro valor que ser esposas y madres. Aquellos que defienden a las mujeres apenas argumentan que “una mujer es madre y esposa”, y si tienen educación, serán mejores madres para los futuros muyahidines y servirán mejor a sus esposos musulmanes.
¡Cada pueblo tiene lo que merece!
Por: Sattar Saeedi

