El Banco Central de Afganistán, bajo el control del régimen talibán, ha anunciado que la Unión de Bancos Participativos de Turquía organizó un programa de capacitación de tres días para los empleados de dicho banco.

En un comunicado, el banco declaró que en este programa se imparten principios de la banca islámica y productos basados en la “sharía”.
El Banco Central afirmó que el objetivo del programa turco es mejorar las capacidades de los empleados y aplicar plenamente la banca islámica en Afganistán.
Una de las características de la banca islámica es la eliminación de los “intereses bancarios” como forma de “beneficio” o “usura”, algo que, según los talibanes, no tiene justificación religiosa.
El sistema bancario afgano, tras el regreso de los talibanes al poder, aún no ha logrado normalizarse, y los bancos del país enfrentan numerosos problemas en sus transacciones financieras.
Al mismo tiempo, Sediq Allah Khalid, subdirector del Banco Central de los talibanes, afirmó que este banco ya no participará en transacciones “con intereses” con ningún banco.
Según Khalid, el Banco Central de Afganistán está comprometido con establecer un sistema completo de banca islámica. Actualmente, añadió, todas las transacciones bancarias se realizan de acuerdo con la jurisprudencia hanafí y sin intereses.
El director del Banco Central talibán ha solicitado en varias ocasiones la ayuda de organizaciones islámicas internacionales para implementar este tipo de banca.
La banca convencional es un sistema basado en intereses cuyo objetivo es generar ingresos a través del cobro de intereses a los clientes. Por el contrario, la banca islámica es un sistema que se ajusta a los principios del islam, especialmente las normas que prohíben el cobro de intereses, y se define dentro del marco de la economía islámica.
En la actualidad, además del Banco Central de Afganistán, también operan varios bancos privados que, en algunos casos, ofrecen servicios a los clientes basándose en el sistema de banca islámica.
Los bancos de Afganistán, más de tres años después de la llegada al poder de los talibanes, continúan enfrentando graves problemas en sus transacciones financieras tanto dentro como fuera del país.
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