El Tribunal de La Haya está revisando la orden de arresto contra Mullah Hibatullah, líder de los talibanes, y Hakim Haqqani, juez principal del grupo.
Esta acción sirve como un recordatorio de las condiciones implícitas acordadas entre Estados Unidos y los talibanes en el acuerdo de Doha.

Con la entrada de Donald Trump a la Casa Blanca, se espera que exija la implementación de los puntos pendientes del acuerdo de Doha por parte de los talibanes.
Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos, reconocidos como ejecutores de los planes occidentales en Afganistán, ahora están inmersos en negociaciones con líderes talibanes. Sirajuddin Haqqani se encuentra en Emiratos Árabes Unidos dialogando con sus líderes; Mullah Yaqoob está en Kabul en conversaciones con autoridades saudíes; y Mullah Baradar está en Catar buscando un acuerdo sobre mecanismos de cooperación. Es natural que, en medio de estas negociaciones, Occidente utilice el caso de La Haya como una estrategia para controlar a los elementos más rebeldes de los talibanes.
En este contexto, la estrategia de Estados Unidos en Afganistán es bastante clara.
Estados Unidos transfiere oficialmente entre 40 y 70 millones de dólares semanales a los talibanes y colabora ampliamente en términos de inteligencia con ellos, mientras aparenta tener una relación conflictiva y ejercer presión sobre el grupo. Esta política de “zanahoria y palo” ha funcionado bien hasta ahora, asegurando los intereses estadounidenses y se espera que continúe siendo eficaz.
En medio de estas dinámicas, otra noticia impactante está circulando en los medios:
Se ha informado sobre la inminente visita de Abbas Araqchi, ministro de Relaciones Exteriores de Irán, a Kabul, justo cuando los talibanes y Estados Unidos están en negociaciones para implementar las cláusulas secretas del acuerdo de Doha.
El Sr. Araqchi ya viajó a Siria en un momento crítico, cuando Irán enfrentaba grandes desafíos en ese país, intentando proyectar normalidad y control. Ahora, con nulas señales de cooperación mínima entre los líderes talibanes y Teherán, planea visitar Kabul.
Este viaje parece transmitir el mensaje de que Irán busca mostrar una relación cálida, cercana y de alto nivel con la administración talibana en Kabul.
Podría pensarse que las autoridades iraníes buscan enviar una señal a Occidente: si presionan a Kabul, Teherán apoyará al gobierno talibán. Sin embargo, las agencias de seguridad occidentales tendrían que ser muy ingenuas para creer tal mensaje.

En los últimos tres años y medio, los talibanes, con el apoyo financiero y estratégico de esas mismas agencias, han intentado humillar a Irán. Han causado pérdidas significativas, incluyendo incursiones de terroristas suicidas, incumplimiento de los derechos hídricos de Irán, enfrentamientos fronterizos y la expulsión de diplomáticos iraníes.
Es muy poco probable que la visita del ministro de Relaciones Exteriores iraní a Kabul traiga algún beneficio tangible para Irán. Más bien, existe una preocupación seria de que esta aparente amistad con los talibanes podría exponer a Irán a acusaciones de apoyar el terrorismo.
No sé quién asesoró al Sr. Araqchi sobre este viaje, pero mi percepción es que este acontecimiento ocurre en el peor momento posible. Aquellos que facilitaron esta visita parecen estar perjudicándolo más que ayudándolo a obtener logros concretos.
Seyyed Ahmad Mousavi Mobalegh

