POLPRESS: Sirajuddin Haqqani regresó a Kabul después de casi diez días en los Emiratos Árabes Unidos, en un contexto en el que se informa que una gran parte de las fuerzas bajo su mando han sido desarmadas en varias regiones de Afganistán, incluida la capital, por fuerzas leales a Mullah Hibatullah.

Tras el asesinato de Khalil-ur-Rahman Haqqani, la debilitación de la red Haqqani se ha acelerado significativamente, y los talibanes del sur, favorables a un acercamiento con Estados Unidos, también han quedado bajo fuerte presión.
Dentro de la estructura interna de los talibanes, si Sirajuddin Haqqani es considerado la figura principal de los talibanes del este, Mullah Baradar es sin duda la principal figura de los talibanes del sur.
Mullah Hibatullah nunca había sido la autoridad central entre los talibanes de Kandahar. Como miembro de la tribu Saddozai, se encontraba subordinado a los líderes kandaharis, entre ellos Mullah Baradar, considerado su líder.
Antes de obtener el juramento de lealtad del Consejo de Quetta, Hibatullah no tenía una trayectoria destacada en la estructura política y militar talibán. Era simplemente un clérigo respetado, cuya elección como líder se debió a un consenso entre los talibanes en medio de sus disputas internas por el liderazgo.
Tras la muerte de Akhtar Mansour, para evitar la desintegración del movimiento, los talibanes enfatizaron el papel religioso de Hibatullah como un reconocido “sheikh al-hadith” y autoridad en jurisprudencia islámica. Esto les permitió manejar las filas intermedias e inferiores con sus decretos religiosos. Sin embargo, esta misma estrategia fortaleció a Hibatullah, quien, con el tiempo, consolidó un círculo de aliados y estableció una facción independiente dentro del movimiento. Actualmente, esta facción cuenta con su propia estructura organizativa y fuerzas militares.
Durante sus tres años y medio como emir de los talibanes en Afganistán, Hibatullah ha transferido una parte significativa del poder gubernamental a Kandahar, concentrándolo en sus manos o en las de personas de su confianza.
En la actualidad, la autoridad religiosa que los talibanes otorgaron a Hibatullah con el título de “Ulil Amr” (líder supremo) se ha convertido en un problema para ellos mismos. En las luchas internas, cualquier oposición a él se interpreta como un acto de desobediencia y violación de la ley islámica.
Por otro lado, con la llegada de Trump al poder en EE.UU., la cuestión de cómo responder a las demandas de Washington se convirtió en un desafío importante para los talibanes. La suspensión de la ayuda financiera semanal de EE.UU. a Afganistán, que provocó una caída significativa en el valor de la moneda afgana, agravó aún más esta preocupación.
Líderes de ambas facciones principales de los talibanes, tanto la red Haqqani como los talibanes de Kandahar, coinciden en la necesidad de establecer un canal de diálogo con EE.UU. y atender sus demandas. Sin embargo, Hibatullah y su creciente círculo de poder se oponen firmemente a cualquier acercamiento con Washington.
Históricamente, los grupos salafistas, incluidos los talibanes, no tienen una objeción ideológica fundamental contra EE.UU. siempre que sus propios intereses sean asegurados. Al igual que Jolani en Siria, que no tiene problemas con EE.UU., Hibatullah tampoco tiene conflictos fundamentales con Washington en términos ideológicos o jurídicos islámicos.
Por lo tanto, la oposición de Hibatullah a EE.UU. debe explicarse desde otra perspectiva. En mi opinión, la respuesta se encuentra en los centros de pensamiento de Islamabad, donde Pakistán ha tenido tradicionalmente la mayor influencia en la estrategia talibán.
En los últimos tres años, Pakistán ha acumulado dos grandes motivos de insatisfacción con los talibanes:
- El apoyo, tanto abierto como encubierto, de los talibanes al TTP (Tehrik-e-Taliban Pakistan) y su visión de un “Gran Pastunistán”.
- El contacto directo de los talibanes con EE.UU. sin considerar el papel mediador de Pakistán.
Pakistán no está dispuesto a perder su monopolio en la ejecución de los planes estratégicos de EE.UU. en la región.
Mullah Baradar ya intentó negociar directamente con EE.UU. en los primeros años del gobierno republicano afgano sin el permiso de Pakistán, lo que le costó pasar nueve años en las cárceles pakistaníes.
Para Pakistán, es crucial que cualquier interacción de los talibanes con EE.UU. se realice exclusivamente a través de su intermediación. En la situación actual, la única facción dentro de los talibanes que no tiene contacto directo con EE.UU. es la de Hibatullah y su círculo cercano.
Por más que la red Haqqani mantenga buenas relaciones con Pakistán, su influencia dependerá de su alineación con los intereses de Islamabad. Ahora que los Haqqani han alcanzado un nivel de autonomía en la región, Pakistán considera necesario debilitarlos. En este contexto, el asesinato de Khalil Haqqani y la presión sobre Sirajuddin Haqqani para que se subordine a Hibatullah pueden ser estrategias de Pakistán para mantener el equilibrio a su favor.

Los líderes talibanes de Kandahar, como Mullah Baradar y Mullah Yaqoob, que no están tan alineados con Pakistán como la red Haqqani, también podrían enfrentar el riesgo de asesinato si insisten en establecer contactos directos con EE.UU.
A cambio del apoyo de Pakistán para consolidar su control total sobre el poder, Hibatullah y su círculo pueden ofrecer dos concesiones clave a Islamabad:
- Controlar en la medida de lo posible al TTP, reduciendo la presión sobre el gobierno pakistaní.
- Garantizar que cualquier negociación con EE.UU. se realice exclusivamente a través de Pakistán, asegurando así sus intereses.
Por lo tanto, en mi opinión, comprender la dinámica actual en Afganistán es imposible sin entender la lógica de la ISI (Inter-Services Intelligence) en los asuntos regionales. Pakistán está tratando de reafirmarse como un actor clave en el juego geopolítico, y hasta ahora parece haber logrado avances significativos.
Seyed Ahmad Mousavi Mobalegh

