POLPRESS: El crecimiento vertiginoso de China en los últimos años ha convertido al dragón amarillo en la principal amenaza para la hegemonía de Estados Unidos en el futuro. Es natural, entonces, que EE. UU. utilice todos sus recursos y esfuerzos para contener a China.
Enfrentarse a China consumirá gran parte de la energía y los recursos de Estados Unidos, y el volumen de los costos impuestos será tal que un conflicto directo con Irán (que por sí solo implicaría gastos colosales) sería un suicidio para Washington.

Aunque es posible que China y Rusia no vean con malos ojos un conflicto entre Irán y EE. UU. (ya que podría representar un obstáculo estratégico en el camino estadounidense), tanto Irán como Estados Unidos, conscientes de la realidad de las relaciones internacionales —a pesar de sus amenazas mutuas—, comprenden bien que una guerra no beneficiaría a ninguna de las partes y las dejaría vulnerables.
Por ello, parece poco probable un enfrentamiento directo y abierto entre Irán y Estados Unidos.
En ese contexto, las negociaciones actuales entre ambas partes, llevadas a cabo en Omán —aunque se ha dicho que tratan sobre las capacidades nucleares de Irán—, probablemente abordan temas más amplios que lo nuclear.
Lo que refuerza esta suposición es que el negociador estadounidense no tiene ninguna especialización en cuestiones técnicas nucleares. Si ese hubiera sido realmente el tema central, lógicamente, se habría asignado la misión a un experto en ese ámbito. Sea cual sea el contenido de las negociaciones, si estas conversaciones terminan con éxito, es posible que se vea a Irán modificando su política de acercamiento hacia Oriente, a cambio de aperturas económicas y políticas por parte de Estados Unidos.
Incluso si estas negociaciones no llegan a buen puerto, es poco probable que EE. UU., en plena confrontación estratégica con China, se involucre en una guerra de resultado desastroso con Irán.
Sin embargo, Estados Unidos aún podría recurrir a herramientas como las sanciones paralizantes, y a fomentar la desestabilización interna en Irán a través de sus grupos proxy.

Es aquí donde entra en juego el papel de los talibanes en la vecindad de Irán como principal contenedor de movimientos subversivos. Los talibanes tienen la capacidad de dar espacio a diversos grupos terroristas y sumir a toda la región en el caos. Desde esta perspectiva, se convierten en un instrumento muy eficaz en manos de EE. UU., una herramienta que, por su naturaleza de inteligencia encubierta, difícilmente podrá transformarse en un elemento pacífico y controlado, aunque Irán, Rusia y China intenten ganárselos con ofrecimientos tentadores.
Por último, hay solo una situación en la que el escenario de no-guerra entre Irán y Estados Unidos podría cambiar: la ocurrencia de un incidente imprevisto y malicioso, diseñado para forzar a ambas partes a un enfrentamiento militar total. Tal incidente solo podría ser planeado y ejecutado por Israel, en un acto temerario que obligue a Irán y Estados Unidos a alinearse militarmente el uno contra el otro.
Seyed Ahmad Mousavi Moballegh

