W¿para qué voy a votar si el resultado será el mismo?, las elecciones son un teatro», señala Zohreh, profesora en Teherán, a quien no convence ninguno de los candidatos. Más de 80 funcionarios se postularon a presidir el país, pero un selecto grupo de clérigos y juristas examinaron todas las solicitudes y aceptaron solamente a seis candidatos. Cinco de ellos son políticos de línea dura más o menos cercanos a la Guardia Revolucionaria –una rama de las fuerzas armadas cercana al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y que goza de gran poder en el país– y un último aspirante es de tendencia reformista.

El consejo de clérigos y juristas dejó fuera de la carrera electoral a la mayoría de candidatos reformistas alejados del líder supremo, así como las aspirantes mujeres o importantes figuras del país, como el ex presidente Mahmud Ahmadineyad.
«Hace años que sufrimos crisis económica y cada vez tenemos menos libertades. No creo que votar a un candidato elegido por el Gobierno cambie algo», añade Zohreh. Esta joven forma parte de la creciente masa de ciudadanos que han dejado de acudir a las urnas, bien porque no esperan que la elección de un determinado candidato suponga una gran mejora para el país, o bien se abstienen de votar como protesta activa contra el actual régimen.
La caída del voto ha sido paulatina en los últimos años pero los datos de participación muestran un declive abrupto en grandes ciudades como Teherán en los últimos dos años, coincidiendo con las multitudinarias protestas antigubernamentales. Los analistas atribuyen el descontento a la reacción de las autoridades ante las manifestaciones desatadas en el año 2022, tras la muerte de la joven Mahsa Amini en custodia policial. El régimen respondió a las peticiones de mayores libertades y mejoras económicas con miles de detenciones más de 20.000 desde el inicio de las protestas y 500 muertos en acciones policiales- y un aumento de la vigilancia de la disidencia en las calles y las redes sociales, particularmente contra las mujeres.
Sectores reformistas e importantes figuras opositoras como la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi han pedido boicotear el voto como acción protesta por la falta de libertades en el país. En plena campaña electoral, un tribunal sumó una nueva condena de cárcel a Mohammadi, en prisión desde el año 2022. La activista feminista ha sido acusada de hacer «propaganda contra el Estado» por pedir el boicot electoral e iniciar una campaña para que las mujeres denuncien las agresiones sexuales por parte de las fuerzas de seguridad, después de que una periodista fuera violada en custodia policial.
Una encuesta realizada por la empresa demoscópica ISPA señala que el 73% de la ciudadanía no está siguiendo la campaña electoral. La alta participación siempre ha sido un motivo de orgullo para el Gobierno, para reforzar su imagen exterior de legitimidad y estabilidad. Esta percepción es especialmente importante actualmente, con las
Reformistas y activistas instan a no acudir a las urnas el viernes
crecientes tensiones regionales derivadas de la guerra en la Franja de Gaza. Un aumento del voto demostraría que el pueblo iraní está unido y apoya la postura del régimen en la región, a quién se le atribuye una gran influencia en grupos que han atacado a Israel desde octubre, como Hamas, Hizbulá o los hutíes.
Para paliar el boicot, el Gobierno ha prohibido a los medios de comunicación emitir cualquier contenido que «desaliente» la participación de los votantes o anime a no acudir a las urnas. La medida incluye la persecución de protestas, huelgas y mensajes en redes sociales. Incluso miembros de la Guardia Revolucionaria han pedido a la población que acudan a las urnas y aseguran que los que se abstengan son «enemigos de la nación». «Esta cuestión anima al enemigo a crear disturbios, lo que significa que cuando el enemigo ve a una baja participación, se siente tentado a crear
desafíos y puede describir a los funcionarios, ya sea en el Parlamento o en el Gobierno, como carentes de apoyo popular», declaró el general Yadollah Javani. «Las elecciones pueden conducir a dos resultados: o ser una fuente de energía que impulse el país, o convertirse en una fuente de desafíos», advirtió.
Tras la caída del voto en las pasadas legislativas, políticos cercanos al ayatolá acusaron a los ciudadanos que no votaron de «inaceptables». «En el islam, la mayoría preferida es aquella que es devota y comprometida, a diferencia de una que es rebelde y disidente», espetó Ahmad Alamolhoda, representante del líder supremo en Mashhad, una importante ciudad chií.
Sin embargo, algunos analistas apuntan que actualmente el régimen no está tan preocupado por la participación y quiere asegurar la continuidad de las políticas de línea dura. Esta inquietud ha aumentado tras el fallecimiento del presidente Ebrahim Raisi, que era percibido como un posible sucesor del ayatolá Ali Jamenei, de 85 años. «La
República Islámica reconoce que existe una enorme brecha en las expectativas y demandas entre el sistema y su pueblo», describe Sanam.
Vakil, experta en Irán del centro de estudios Chatham House. «Hay una brecha en la demanda de libertades, en las cuestiones económicas. El sistema reconoce que hay oportunidades políticas que no puede salvarlo, por lo tanto, no prioriza legitimarse a través de las elecciones como en el pasado», asegura.
La continuidad del régimen se puede percibir en las conexiones de los candidatos de línea dura con el cuerpo de la Guardia Revolucionaria. El favorito en las encuestas, el ex alcalde de Teherán Mohammad Bagher Qalibaf, ocupó varios puestos de alto rango dentro del cuerpo de seguridad, principalmente en las fuerzas aéreas. También ha sido acusado de facilitar el desvío de fondos y financiación de la Guardia Revolucionaria durante su cargo como presidente del Parlamento. Qalibaf es el candidato con mayor intención de voto según los sondeos, aunque algunas encuestas también dan la victoria a Saeed
Jalili, que asumió un alto cargo anteriories negociaciones nucleares.
El impacto económico de las sanciones y la crisis económica –con un 47,5% de inflación y una grave devaluación de la moneda que ha devorado el poder adquisitivo de los iraníes– no ha tenido un papel relevante en los dos debates electorales celebrados desde el inicio de campaña. Los candidatos de línea dura aseguraron que las sanciones apenas han debilitado la economía del país.
Sin embargo, el aspirante reformista Masoud Pezeshkian, rompió con el consenso de sus rivales de línea dura y acusó a los políticos conservadores de arruinar la economía del país. Pezeshkian prometió restaurar las relaciones de su país con occidente y dar pasos para reactivar el acuerdo nuclear con Estados Unidos para que levanten las sanciones económicas. Apodado el
Ahmadineyad reformista por sus discursos populistas, este cirujano es la esperanza de los sectores reformistas del país, que aboga por relajar algunas restricciones y brindar más libertades a la población.
El responsable de su campaña, Saeed Sherbaf, señaló al periódico
Financial Times que una caída de la participación podría beneficiar al candidato reformista, porque supondría el descenso del voto para los aspirantes de línea dura.

Mientras, la prensa iraní especula que varios candidatos conservadores podrían retirarse de la carrera por la presidencia días antes de los comicios, con la intención de redirigir el voto a un único aspirante para que pueda ganar los comicios en la primera vuelta. Los reformistas por su parte, han remarcado que no abandonarán la competencia por la presidencia. «Es erróneo suponer que si otros se retiran, todos sus seguidores votarán por el candidato restante», señaló Sherbaf.
Los debates electorales y los carteles de los candidatos en las calles se han llenado de eslóganes para combatir la corrupción, sin dejar espacio para las medidas concretas.
«No queremos una guerra con Líbano pero quizá no hay remedio»
comenta Lea Cohen a EL MUNDO. Esta joven de Haifa eligió pasar la jornada en la playa para combatir el alto nivel de temperatura y ansiedad por una tensión nacida en el sur el pasado 7 de octubre y que se aproxima gradualmente desde el norte. De momento, en su ciudad solo hubo esporádicas falsas alarmas de los sistemas antiaéreos defensivos y la infiltración de un dron de Hizbulá destinado a filmar y difundir imágenes de instalaciones militares y civiles.
A varios kilómetros al norte de la todavía pastoral zona marítima de Haifa, seguía la rutina de fuego. Por la mañana, Hizbulá disparó dos misiles antitanques.
VAHID SALEMI / AP
El Mundo Primera Edición – LARA VILLALÓN

