Varios estudios publicados recientemente por instituciones internacionales de investigación sobre la religiosidad y el ateísmo en los países islámicos han arrojado resultados sorprendentes.

Mientras que el Centro de Investigación Pew, con sede en Estados Unidos, informó que Afganistán ocupa el primer lugar del mundo en cuanto a la práctica de la oración islámica, la revista Estudios Seculares ha advertido sobre el crecimiento del ateísmo en varios países de mayoría musulmana.
Según ese informe, un porcentaje considerable de la población de Arabia Saudita, Turquía, Túnez y Argelia ha abandonado la creencia en Dios. La tendencia es aún más pronunciada entre las nuevas generaciones y los jóvenes.
Los autores del estudio describen este fenómeno como un “tsunami silencioso del ateísmo” en el mundo islámico. Aunque la investigación no analiza específicamente la situación en Afganistán y no existen datos precisos sobre cuántos ciudadanos se han alejado de las obligaciones religiosas, diversos indicios sugieren que el escepticismo hacia las creencias islámicas y el abandono de las prácticas religiosas han aumentado en comparación con hace una década.
Los especialistas señalan que la apostasía y el abandono del islam pueden tener graves consecuencias jurídicas y sociales en Afganistán. Por ello, muchas personas probablemente evitan manifestar públicamente sus convicciones por temor a sufrir represalias o enfrentar consecuencias potencialmente fatales.
Sin embargo, algunos afganos residentes en el extranjero han hablado abiertamente sobre su cambio de creencias. Uno de ellos es Vahid Movahedi, residente en Suecia, quien afirma haber abandonado el islam hace varios años y haberse convertido en ateo.
Movahedi ha formulado diversas críticas al islam. En declaraciones a Pol Press, afirmó que no reconoce la existencia de Dios en el sentido en que suele presentarse en los países islámicos e incluso niega la existencia de cualquier divinidad.

Según explica, el modo en que los talibanes relacionan la vida cotidiana con la religión fue uno de los factores que lo llevó a perder la fe y, finalmente, abandonar el islam.
“En una sociedad donde las paradojas religiosas provocan guerras devastadoras; donde las mujeres son tratadas como esclavas; donde se imponen castigos severos por simples acusaciones; donde se rechazan la ciencia y la tecnología; donde se emiten fatwas de yihad para eliminar a los no musulmanes y se presentan relatos impactantes sobre los primeros tiempos del islam, esa religión deja de ser creíble”, declaró Vahid Movahedi a Pol Press.
Las diferencias sectarias y el desencanto religioso
Los musulmanes chiíes de Afganistán, en su mayoría pertenecientes a la comunidad hazara, constituyen una minoría religiosa que durante años ha sido blanco de ataques por parte de grupos extremistas como los talibanes y el Estado Islámico.
La relación entre los hazaras y el régimen talibán ha estado marcada por profundas tensiones, discriminación estructural y un historial de enfrentamientos sangrientos. Debido a sus diferencias étnicas y religiosas, esta comunidad ha sufrido marginación, desplazamientos forzados y numerosas violaciones de sus derechos fundamentales.
Los talibanes han excluido oficialmente a los hazaras de las estructuras del gobierno y, además, han prohibido la enseñanza de la jurisprudencia chií en escuelas y universidades frecuentadas mayoritariamente por estudiantes hazaras.
Esta exclusión sistemática ha provocado constantes protestas, especialmente durante el mes de Muharram, cuando los chiíes conmemoran el martirio del imán Huséin. Según diversas denuncias, en numerosas ocasiones las autoridades talibanes han impedido la celebración de estas ceremonias religiosas.
Movahedi sostiene que los hazaras carecen de libertad para desarrollar sus actividades religiosas y sociales en Afganistán y acusa a los talibanes de imponer severas restricciones contra esta comunidad.
Asimismo, acusa al movimiento talibán de llevar a cabo una campaña sistemática de asesinatos contra los hazaras y asegura que estos ataques continúan.
Según su testimonio, incluso en regiones de mayoría hazara, los talibanes han confiscado por la fuerza tierras agrícolas, viviendas y propiedades, una situación que —afirma— ha provocado repetidos conflictos en su lugar de origen entre los habitantes locales y las autoridades talibanes.
Un testimonio personal
Vahid Movahedi nació en la aldea de Nad Ali, en el distrito de Lashkargah, provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, una región que durante décadas fue uno de los principales escenarios del conflicto armado y considerada uno de los bastiones históricos de los talibanes, cerca de Kandahar.
Movahedi asegura que en las zonas más remotas del país, donde la población tiene escasa visibilidad y acceso a los medios de comunicación, algunos comandantes talibanes han obligado a jóvenes hazaras a contraer matrimonio con ellos.
“Muchos de estos comandantes ya estaban casados varias veces y muestran un interés particular por casarse con niñas muy jóvenes”, afirmó.
Diversos informes también indican que algunas niñas que fueron privadas de su derecho a la educación terminaron siendo víctimas de matrimonios forzados. En varios casos, menores de 18 años fueron obligadas a casarse con combatientes talibanes cuya edad era varias veces superior a la de ellas.
Movahedi sostiene que algunos miembros del movimiento talibán consideran a las mujeres y niñas hazaras como una especie de “botín de guerra” y afirma que incluso algunos dirigentes del grupo han emitido pronunciamientos religiosos para justificar estas prácticas.
El refugiado afgano considera que uno de los principales motivos que obliga a muchos afganos a abandonar su país es la violencia y la represión ejercidas por los talibanes contra la población civil.
Las políticas de los talibanes hacia la comunidad hazara han sido objeto de críticas reiteradas por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos. Aunque la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) ha expresado preocupación por las violaciones de los derechos de las minorías étnicas y religiosas, las autoridades talibanes han rechazado sistemáticamente estas acusaciones.
¿El alejamiento de la religión en Afganistán: realidad o narrativa promovida desde el exterior?
El supuesto aumento del abandono de la religión en las sociedades musulmanas, y particularmente en Afganistán, ha generado un intenso debate.
Una parte importante de la programación de las cadenas de televisión afganas está dedicada a cuestiones religiosas y a la jurisprudencia islámica. Al mismo tiempo, las redes sociales están inundadas de contenidos difundidos por predicadores y líderes religiosos. Muchos de estos clérigos de tendencia radical niegan la legitimidad de otras confesiones islámicas presentes en Afganistán.
Al referirse a esta realidad, Vahid Movahedi señala que, aunque muchas personas consideran exageradas o difíciles de aceptar las afirmaciones de algunos predicadores, estos suelen fundamentar sus discursos en numerosas fuentes y textos religiosos.
Añade que muchas de las afirmaciones realizadas por estos clérigos provocan incredulidad o incluso burlas entre los jóvenes y los sectores más instruidos de la sociedad. Sin embargo, sostiene que esos argumentos proceden de textos religiosos tradicionales y no pueden analizarse al margen de ese contexto.
Según Vahid Movahedi, independientemente de la interpretación que cada persona haga de esos discursos, estos reflejan una parte del pensamiento religioso presente en determinados sectores del islam contemporáneo.
Asimismo, afirma que en algunas regiones de Afganistán los talibanes presionan a miembros de la comunidad hazara para que abandonen el islam chií y adopten el islam suní, advirtiéndoles de que únicamente los musulmanes suníes tienen derecho a permanecer en determinadas zonas. Según su testimonio, esta situación se habría registrado en provincias como Bamiyán y Kandahar.
Anteriormente, la Oficina de Derechos Humanos de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) informó de que entre el 17 de enero y el 3 de febrero de ese año, al menos 50 miembros de la comunidad ismailí en la provincia de Badakhshan fueron obligados a convertirse al islam suní.
En declaraciones a Pol Press, Vahid Movahedi afirmó que, a su juicio, muchas personas en Afganistán no creen en Dios, pero no se atreven a expresar públicamente sus convicciones debido a las severas consecuencias que ello podría acarrear.
En numerosos países de mayoría musulmana, hablar abiertamente del ateísmo sigue siendo un tema altamente sensible. Mientras que la conversión al islam está permitida y, en algunos casos, incluso fomentada, abandonar esta religión puede acarrear graves sanciones, incluida la pena de muerte en determinadas interpretaciones de la legislación islámica.
Hasta la fecha, muy pocas personas dentro de Afganistán u otros países islámicos han reconocido públicamente haber abandonado el islam. Sin embargo, decenas de afganos residentes en países occidentales, entre ellos Vahid Movahedi, han hablado abiertamente sobre su cambio de creencias y su adhesión al ateísmo.

