El asesinato de Ghileman Wazir, poeta y miembro del Movimiento de Protección Pashtún en Islamabad, ha generado numerosas reacciones entre los usuarios de redes sociales en Afganistán.
Una gran cantidad de activistas sociales y políticos afganos, en su mayoría de la etnia pashtún, expresaron su tristeza y dolor. Sin embargo, esta no es toda la historia. Algunos se quejaron del silencio de aquellos que no reaccionaron y criticaron a los “silenciosos”. Por otro lado, algunos cuestionaron a los políticos que reaccionaron rápidamente, acusándolos de ser “selectivos” en sus respuestas. El tipo de reacciones y las discusiones que surgieron en las redes sociales no son nuevas y han vuelto a poner en el centro de atención un importante problema social en la sociedad afgana: la crisis de empatía.

Algunos usuarios de redes sociales plantearon la pregunta de por qué Ghileman Wazir, quien tenía “demandas justas”, no recibió empatía principalmente de los “no pashtunes” tras su asesinato. Mientras tanto, los no pashtunes argumentan que Ghileman Wazir era paquistaní y no tenía relación con el pueblo afgano. Ellos afirman que su expectativa de solidaridad de los pashtunes en temas como el “genocidio” de los hazaras y la “tragedia” en Panjshir se basa en la “compañerismo nacional” y es diferente al asesinato de Ghileman Wazir.
También argumentaron que en varios casos no han recibido empatía y que su falta de postura en la muerte de Ghileman Wazir está justificada. Por ejemplo, algunos escribieron que en los últimos tres años, los talibanes han creado “tragedias” en partes de Afganistán, como Panjshir y Andarabs, pero no hubo reacciones colectivas y los habitantes de estas áreas quedaron solos.
El tipo de reacciones es un fenómeno familiar en el espacio público afgano. En una categorización general, cada grupo étnico en Afganistán cree que su dolor y sufrimiento no son bien entendidos por otros grupos étnicos del país. Cada parte piensa que los “otros” son injustos.
Independientemente de en qué casos, quiénes han tenido razón y quiénes han sido injustos, hay una realidad amarga e innegable en la sociedad afgana: estamos enfrentando una grave crisis de empatía. Los diferentes grupos étnicos en Afganistán tienen sus propias historias, sufrimientos y narrativas separadas y no tienen un conocimiento profundo y significativo unos de otros.
Empatía y conocimiento
La empatía, especialmente la empatía colectiva, surge a través de la comunicación y el conocimiento. Cuando los miembros de una sociedad se comunican entre sí, conocen el dolor, sufrimiento, historias, lo bueno y lo malo de los demás en niveles individuales y colectivos; la empatía se desarrolla. Se entienden unos a otros. Entenderse no significa que un grupo de personas adapte su comportamiento, pensamientos y estilo de vida según los deseos de otro grupo para comprenderlos. Más bien, es necesario reconocer a los demás tal como son, en el lugar donde están. Es necesario dialogar. Hablar entre sí en general no es lo mismo que “dialogar” y no necesariamente lleva a la empatía.
En Afganistán, no se han creado las condiciones y oportunidades para el diálogo entre los diferentes grupos étnicos y no ha surgido un conocimiento significativo unos de otros. Ha habido oportunidades en las que los grupos étnicos de Afganistán han hablado entre sí, pero la mayoría de estas conversaciones han sido como declaraciones dadas unos a otros. El problema de las declaraciones es que no conducen a la empatía porque no se forma una conexión humana significativa y, a veces, incluso aumentan las distancias.
En las sociedades donde la empatía es una inversión social arraigada, las personas dialogan, se comprenden mutuamente y entienden las palabras del otro. En el diálogo, no solo se entiende el significado de las palabras del interlocutor, sino también el origen de esas palabras, y la empatía y la identificación cobran vida. Entonces, no importa de qué grupo étnico provenga el orador; no importa dónde ocurra la tragedia ni de qué provincia sea la víctima ni qué idioma hable. La tragedia en sí es importante y se comprende. Pero cuando las personas se limitan a hacer declaraciones unos a otros, no se crea un mundo común; conduce a la distancia y la soledad. En tal situación, lo marginal se vuelve más importante que el contenido. Las mentes de las personas perciben los eventos como étnicos y propios o ajenos.

Crisis de confianza social
Una raíz principal de la empatía y la comprensión mutua es la confianza social. Afganistán lleva años lidiando con una profunda crisis de confianza social. La confianza social es esencialmente un fenómeno moderno en las sociedades humanas que Afganistán aún no ha alcanzado.
La confianza social implica establecer relaciones con “extraños”. Con el tiempo, los seres humanos han aprendido a confiar en personas fuera de su familia, tribu y parientes y a relacionarse con ellos. En las sociedades donde la interacción está acompañada de fuerza, amenaza, violencia y una mirada condescendiente, no se forma la confianza social.
En tal situación, las personas tienden a confiar solo en sus familiares y conocidos y evitan confiar en extraños y personas con las que no tienen un conocimiento previo. En las sociedades donde la violencia, la amenaza y la coerción no son determinantes en las interacciones sociales, las personas no temen confiar en otros grupos étnicos y no los ven como una amenaza.

Sin embargo, en Afganistán, por diversas razones históricas, estructurales, culturales y sociales, el alcance de la interacción significativa no ha superado los límites de la familia, la tribu, los parientes y las personas que ya conocen.
Cuando las condiciones y posiciones de las personas les permiten confiar en aquellos con quienes no crecieron ni tienen relaciones familiares o un conocimiento previo, se forma el conocimiento y lleva a la empatía. En Afganistán, la guerra, la violencia y la cultura de la amenaza y la coerción han impedido la formación de la confianza social y, en última instancia, han sofocado el espacio de empatía.
La llegada al poder de los talibanes ha empeorado esta situación. Los talibanes no reconocen las diferencias culturales del pueblo afgano. Afganistán es una sociedad diversa y los talibanes quieren borrar esta diversidad de la mente y el espíritu de la gente. Quieren reestructurar las afiliaciones y el pasado individual y familiar de otros según sus deseos y solo conservar lo que es aceptable para ellos. Quieren un país en el que todos piensen como ellos, tengan las mismas afiliaciones y solo reconozcan un mundo que existe en su pasado y contexto mental y cultural. Este enfoque profundiza la crisis de empatía.
Arif Yaqubi, periodista
