Polpress – Tras retomar el poder en Afganistán, el gobierno talibán, en una de sus primeras medidas, prohibió a las niñas y jóvenes asistir a escuelas y universidades. Como resultado, durante los últimos tres años, aproximadamente 1.5 millones de niñas han sido privadas de educación.

En un nuevo giro, el lunes (2 de diciembre), el Ministerio de Salud de los talibanes emitió una orden sorpresiva prohibiendo a las niñas asistir a centros educativos médicos semi-superiores en todo Afganistán.
El ministerio anunció en un comunicado: “Se informa a las estudiantes femeninas que, por decisión del Ministerio de Salud Pública, las clases para estudiantes femeninas quedarán suspendidas a partir del martes 13 de Qaus del presente año y hasta nuevo aviso en todo Afganistán. Por lo tanto, se solicita a todas las estudiantes de los institutos de ciencias de la salud que se abstengan de presentarse a los centros educativos.”
La orden del líder talibán de prohibir la educación de las niñas inicialmente abarcó todas las instituciones educativas. Sin embargo, un año después, el Ministerio de Salud Pública reabrió los centros educativos médicos en 14 provincias para que las niñas graduadas de la escuela secundaria pudieran tomar exámenes e iniciar estudios en áreas como “enfermería” y “partería”.
Esta reapertura brindó una chispa de esperanza a miles de niñas que, durante los últimos dos años, se habían dedicado a estudiar en estos centros.
Najiba Ahmadi (seudónimo), profesora en un instituto de ciencias de la salud en Kabul, declaró el martes (13 de Qaus): “Anoche, las estudiantes me llamaban sin parar, lloraban y decían: ‘¿Qué hacemos, profesora?’ Algunas me dijeron claramente: ‘Estamos rotas y ya no tenemos fuerzas para levantarnos'”.
La profesora agregó: “Todos saben en qué situación están las niñas que no pueden ir a la escuela. Pero para aquellas que se habían graduado de la escuela secundaria y habían encontrado una pequeña esperanza en los centros de salud, esta decisión es un golpe devastador. Aunque sabían que esto podía pasar, rezaban para que este día no llegara”.
Ahmadi, quien estudió farmacia y lleva dos años enseñando en centros educativos semi-superiores de Kabul, también expresó su preocupación de que pronto podría perder su empleo como docente debido a la situación actual en Afganistán.
Sobre las consecuencias de esta prohibición, Ahmadi señaló que las familias y sus hijas ahora enfrentan dos opciones: emigrar o resignarse a casarse y formar una familia.
A pesar de la oposición de muchos sectores de la sociedad afgana, incluidos líderes religiosos chiitas y sunitas, quienes han pedido al gobierno talibán que cree entornos seguros o clases separadas para permitir la educación de las niñas, la prohibición sigue vigente.
Además, esta medida ha generado divisiones dentro del gobierno talibán, con varios funcionarios expresando su apoyo a la educación de las niñas.
No obstante, el líder talibán y, en particular, los ministerios de Educación y Educación Superior, han ignorado estas demandas y continúan con la prohibición de la educación para las niñas.

