POLPRESS: La comunidad hazara en Afganistán ha experimentado una larga historia de persecución, discriminación y violencia, que comenzó durante el reinado de Amir Abdur Rahman Khan y continúa hasta hoy bajo el régimen talibán. A pesar de los cambios históricos en los gobiernos y los sistemas legales, el trato a los hazaras ha estado marcado por violaciones de derechos humanos, incluidas masacres, desplazamientos forzados y represión cultural. Este artículo examina la situación de los hazaras en 2024, bajo el régimen talibán, centrándose en los derechos humanos, la seguridad y el acceso a los servicios públicos.

El artículo destaca la discriminación continua de los talibanes contra los hazaras, especialmente los hazaras chiitas, cuya práctica religiosa es considerada incompatible con la ideología radical predominantemente deobandí-suní de los talibanes. Se analiza cómo el régimen talibán ha impuesto severas restricciones a las ceremonias religiosas chiitas hazaras, códigos de vestimenta obligatorios y su exclusión sistemática de puestos clave en el gobierno y las instituciones académicas. Además, se señalan las masacres selectivas, la confiscación de tierras y el desplazamiento forzado de los hazaras.
La falta de acceso a la educación y a roles de liderazgo, junto con la marginación deliberada y los ataques violentos, reflejan una crisis creciente para la comunidad hazara. El artículo también menciona la migración masiva de los hazaras debido a las amenazas a su seguridad y a la violación de sus derechos, examinando el papel de las organizaciones internacionales para abordar estas violaciones.
Finalmente, el artículo enfatiza que, bajo el régimen talibán, la comunidad hazara sigue enfrentándose a un riesgo grave de genocidio, represión continua y eliminación cultural.
Introducción
Un examen cuidadoso de las páginas de la historia moderna de los hazaras (al menos desde la época de Abdur Rahman Khan hasta hoy) revela un patrón trágico y recurrente de masacres, arrestos, discriminación sistemática, exclusión social forzada, humillación y usurpación de tierras. Estos relatos históricos demuestran que desde la época de Abdur Rahman Khan, los hazaras nunca han tenido la oportunidad de vivir en igualdad ni disfrutar de los mismos derechos que otros ciudadanos afganos. Aunque la intensidad de esta represión ha variado a lo largo del tiempo, la violencia, las violaciones de derechos humanos y, en última instancia, el genocidio de este grupo étnico han continuado de diversas formas.
A pesar de los cambios de gobiernos y las reformas legales más democráticas, que teóricamente no prohibían el acceso de los hazaras a cargos gubernamentales importantes como la presidencia o la participación en actividades políticas y sociales, en la práctica, la discriminación y los prejuicios contra esta comunidad no han disminuido. La intención sistemática de atacar a este grupo étnico debido a su origen y religión (chiita) ha sido evidente en varios niveles sociales y estructuras gubernamentales.
Sin embargo, con el retorno al poder del grupo talibán en Afganistán, los hazaras, como lo reflejan informes de organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, han quedado aún más vulnerables. Están expuestos de manera persistente al genocidio, violaciones de derechos humanos, discriminación y humillación sistemáticas.
Al abordar los abusos sufridos por los hazaras o al analizar las diferentes capas de opresión social e institucional, no se pretende negar la represión que los talibanes también ejercen contra otros grupos étnicos, de género o individuos debido a su trayectoria profesional. Los crímenes cometidos por los talibanes contra la población de Panjshir, Baghlan, Takhar y Badakhshan, así como la opresión contra las mujeres afganas por su lucha por derechos fundamentales, y contra ex miembros de las fuerzas de seguridad y defensores de los derechos civiles, son igualmente inaceptables.
En este artículo, se intentará, basándose en informes de organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, así como testimonios de las víctimas, analizar la situación de los hazaras en 2024 en términos de derechos humanos, seguridad y acceso a servicios públicos bajo el régimen talibán.
Situación de los derechos humanos de los hazaras
Muchas de las políticas y acciones de los talibanes están fundamentadas en interpretaciones radicales y extremistas de la escuela deobandí. Los seguidores de esta corriente consideran inaceptables y heréticas muchas prácticas religiosas chiitas (los hazaras son predominantemente chiitas jafaríes o ismaelitas). Por esta razón, en 2024, los talibanes han impuesto severas restricciones a las ceremonias religiosas de los hazaras chiitas, especialmente durante Muharram y celebraciones como Eid al-Ghadir y Nisf Sha’ban.

En varias provincias, incluidos Kabul y Herat, los talibanes han publicado decretos que imponen restricciones estrictas a las ceremonias de luto chiitas. Estas incluyen la obligación de celebrar las ceremonias a puerta cerrada y sin la presencia de sunitas, así como la obligación de presentar con antelación la lista de oradores a las autoridades talibanas.
Los talibanes también han prohibido la entrada de libros religiosos chiitas en los cruces fronterizos, especialmente en el paso de Islam Qala, y han impuesto un código de vestimenta obligatorio que contradice las tradiciones culturales hazaras, resultando en la detención y tortura de quienes no lo respetan.
Los talibanes han excluido sistemáticamente a los hazaras de posiciones clave en las instituciones civiles y de seguridad, y la estructura del régimen actual está dominada por hombres pastunes sunitas. Solo tres hazaras ocupan puestos simbólicos y sin autoridad ejecutiva.
El Relator Especial de la ONU, Richard Bennett, en su informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, ha descrito la situación de los derechos humanos de los hazaras como grave, destacando la detención de mujeres hazaras y tayikas por motivos de vestimenta y la parcialidad en disputas legales entre los kuchis (nómadas pastunes) y los hazaras.
Ante la amplia violación de derechos humanos y la discriminación contra los hazaras, muchos se han visto obligados a huir de Afganistán, buscando refugio en países como Pakistán e Irán, a menudo enfrentando condiciones económicas precarias y la amenaza de ser deportados de regreso a Afganistán.
Situación de seguridad de los hazaras
La inseguridad continua y dirigida es una sombra permanente para cada individuo hazara bajo el régimen talibán. A pesar de las afirmaciones de los talibanes sobre la seguridad de la comunidad hazara, en 2024 se han producido varios ataques selectivos contra este grupo étnico en todo Afganistán.
La Red de Analistas de Balag, una institución reconocida en la documentación de violaciones de derechos humanos y actos de genocidio contra los hazaras, ha registrado al menos seis ataques terroristas contra esta comunidad, resultando en la muerte de 32 personas y heridas a otras 18.
Por primera vez, en mayo de 2024, el Estado Islámico (EI) perpetró un ataque armado en el centro de la provincia de Bamiyán, conocida como la capital política de los hazaras, dirigido a turistas extranjeros, causando muertos y heridos. En septiembre de 2024, el EI-Khorasan asumió la responsabilidad de otro ataque armado en la región fronteriza entre Daykundi y Ghor, donde al menos 14 hombres hazaras fueron asesinados. Human Rights Watch, en reacción a este ataque, instó a la comunidad internacional a proteger a los hazaras.
Algunos expertos consideran estos ataques sin precedentes en las provincias habitadas por hazaras y lo ven como evidencia de la falta de capacidad o intención de los talibanes para proteger a esta comunidad. Temen que tales ataques puedan afectar negativamente las actividades de las organizaciones humanitarias internacionales y la industria turística, vital para la economía local de Bamiyán.
Además, la presencia del EI-Khorasan en la provincia de Ghor, cercana a Daykundi y Bamiyán, donde una parte significativa de la población es hazara, representa una grave amenaza para su seguridad. Se informa que algunos exmiembros y miembros actuales de los talibanes en Ghor colaboran con el EI, lo que aumenta el riesgo de ataques debido a su conocimiento del territorio.

A pesar de que el EI ha asumido la responsabilidad de la mayoría de estos ataques, algunos analistas sospechan que ciertos elementos dentro del régimen talibán podrían estar implicados, dado su historial ideológico contra los hazaras y los chiitas. Por ejemplo, el gobernador talibán de Herat, Mawlawi Noor Ahmad Islamjar, ha calificado a los chiitas de “rafidíes”, lo que genera dudas sobre la complicidad de los talibanes en estos actos.
Los talibanes también han demolido propiedades hazaras en el oeste de Kabul bajo el pretexto de construir carreteras, sin proporcionar alternativas de vivienda, lo que ha sido documentado por varios medios, incluyendo Lighthouse Reports y The Guardian. Esta acción ha sido calificada como un desplazamiento forzado con motivación política.
En varias provincias, los hazaras siguen enfrentando discriminación sistemática. Los talibanes han reemplazado al personal hazara por individuos de otras etnias en oficinas públicas y universidades, como lo documenta un informe de diciembre de 2024 que señala la destitución de 41 profesores hazaras de la Universidad de Bamiyán.
Además, en Ghazni, un nuevo asentamiento destinado a miembros de Al-Qaeda y talibanes pakistaníes está siendo construido en una zona hazara, lo que podría intensificar la inseguridad y la marginación de esta comunidad.
En conclusión, los hazaras enfrentan múltiples capas de discriminación y amenazas bajo el régimen talibán, desde ataques armados y desplazamientos forzados hasta la exclusión sistemática de los servicios públicos y educativos. La comunidad internacional ha sido instada repetidamente a intervenir para garantizar su seguridad y derechos humanos.
Resumen
La situación en Afganistán bajo el régimen talibán es más sombría que nunca. Las mujeres están privadas del acceso a la educación, se han eliminado oportunidades laborales para personas capacitadas, y los talibanes tratan con violencia e inhumanidad a quienes no los apoyan o no forman parte de su círculo de seguidores. Este grupo ha detenido y asesinado a grandes grupos de jóvenes por su participación en el gobierno anterior o por su vínculo con movimientos opositores a los talibanes en Kandahar y Helmand. En el norte de Afganistán, se están llevando a cabo esfuerzos ilegales para el desplazamiento forzado de los residentes, especialmente uzbekos y tayikos. Decenas de personas han sido arrestadas y desaparecidas solo por ser de las provincias de Panjshir, Parwan, Kapisa y Baghlan.
Entre todas las comunidades afectadas, los hazaras se encuentran en la peor situación, ya que por su etnia y religión se han convertido en objetivos de grupos radicales yihadistas como Daesh y los propios talibanes, quienes tienen antecedentes y objetivos marcadamente terroristas. Los hazaras sufren una opresión múltiple y sistemática tanto por parte del régimen talibán como de los grupos afines.
A pesar de la propaganda talibán sobre la seguridad en Afganistán, mis investigaciones a través de la revisión de fuentes y conversaciones con hazaras dentro del país indican que esta comunidad sigue siendo uno de los principales objetivos de asesinato y genocidio por parte de grupos como los talibanes y Daesh. Los talibanes tratan a los hazaras de manera alarmante, como si fueran esclavos sin derechos sobre su propio destino. Han emitido directrices restrictivas para la celebración de ceremonias religiosas de los hazaras, prohibido su educación religiosa y limitado el acceso a sus textos sagrados. Los talibanes también han excluido a los hazaras de instituciones gubernamentales y educativas, buscando marginarlos forzosamente de la sociedad. Además, han intentado trasladar o confiscar centros administrativos y mercados ubicados en zonas habitadas por hazaras, lo que refleja un esfuerzo sistemático de marginación.
Los talibanes privan a los hazaras del acceso a la ayuda humanitaria y las organizaciones internacionales, influenciadas por las políticas talibanes, han prestado mínima atención a esta comunidad en los últimos tres años, en términos de apoyo humanitario como alimentos, pequeños negocios, agricultura, ganadería y servicios de salud y educación.
Debido a las políticas represivas y discriminatorias de los talibanes, muchos hazaras se han visto obligados a abandonar colectivamente Afganistán, buscando refugio en países vecinos como Pakistán e Irán, donde continúan recibiendo escaso apoyo internacional para su protección o reasentamiento en terceros países.

Aunque los talibanes oprimen a toda la población afgana, los hazaras, por haber soportado discriminación, prejuicios y masacres sistemáticas en el pasado, y al continuar enfrentando estos crímenes con mayor intensidad bajo los talibanes y Daesh, requieren una atención urgente y continua por parte de las instituciones internacionales de derechos humanos. Actualmente, los hazaras piden de manera constante a la comunidad internacional que su situación sea reconocida como genocidio, con base en la evidencia existente, y que los responsables sean juzgados en tribunales justos para protegerlos de la opresión talibán.
Como reflexión final, considero que si no se presta la atención inmediata y necesaria a las comunidades vulnerables de Afganistán, incluidas las mujeres, los hazaras, otros grupos religiosos como hindúes y sijs, activistas civiles y sociales, y miembros de las fuerzas de seguridad y defensa anteriores, continuarán los asesinatos brutales que ya son evidencia de genocidio contra los hazaras, las detenciones y represalias contra las fuerzas de seguridad anteriores, así como los desplazamientos forzosos y colectivos de hazaras e hindúes.
Autor: Besmillah Taban, estudiante de doctorado en Ciencias Políticas y exdirector del Departamento de Lucha contra el Crimen de Afganistán (CID).

