Polpress – Recientemente, un medio británico afirmó que los talibanes están utilizando una antigua base militar de las fuerzas especiales británicas para desarrollar y construir drones suicidas, y que están cerca de lograr su fabricación.

Este informe fue publicado por el diario británico Daily Mail, el cual indica que los drones que los talibanes buscan producir podrían atacar más allá de las fronteras de Afganistán.
Según el artículo, la base “SES” en la provincia de Logar, al sur de Kabul, que fue utilizada por el Reino Unido hace dos décadas, se ha convertido en un centro para la fabricación de estos drones por parte de los talibanes.
El diario señala que los talibanes han contratado a cientos de expertos internacionales para la producción de drones no tripulados.
Entre estos expertos, se encuentra un ingeniero sospechoso de tener vínculos con Al Qaeda, quien supuestamente estudió en el Reino Unido.
El informe también señala que los talibanes están intentando expandir la producción de drones suicidas a otras instalaciones militares, incluyendo la antigua base “Phoenix”, que en su momento fue el principal centro logístico y de entrenamiento de Estados Unidos para las fuerzas afganas.
Se afirma que tras la caótica retirada de las fuerzas extranjeras de Afganistán en 2021, los talibanes examinaron una gran cantidad de equipos militares abandonados en el campamento Phoenix.
Fuentes de inteligencia informaron que varios vuelos de prueba de drones suicidas o “kamikazes”, que se destruyen al impactar con sus objetivos, se realizaron con éxito en la antigua base “SAS” en Logar. Según Daily Mail, algunos de estos drones ya han sido utilizados recientemente en ataques en la zona fronteriza con Pakistán.
El artículo indica que el programa de desarrollo de drones de los talibanes lleva al menos dos años en marcha y que su capacidad está creciendo de forma considerable.
Daily Mail advierte que este avance, con la participación de un ingeniero vinculado a Al Qaeda, representa una seria amenaza para la seguridad regional.
Esto ocurre en un contexto en el que, tras el colapso del anterior gobierno afgano, todo el equipamiento militar, incluidos los aviones del ejército, cayó en manos de los talibanes.

