Polpress – Recientemente, la revista alemana Der Spiegel ha informado sobre la presencia de YouTubers de países occidentales en Afganistán, señalando que esto forma parte de una estrategia deliberada de los talibanes para limpiar su imagen y acciones ante la opinión pública mundial.

Según el informe, mientras las mujeres y niñas afganas están privadas de los derechos más básicos, los YouTubers occidentales —en su mayoría mujeres— parecen moverse con libertad, alegría y bailes en un Afganistán bajo control talibán.
Desde el regreso al poder de los talibanes, mientras numerosos periodistas y observadores de derechos humanos tienen prohibido ingresar al país, algunas figuras populares de redes sociales como TikTok y YouTube han sido autorizadas oficialmente por los talibanes para entrar. Estas influencers comparten videos llamativos que retratan una imagen tradicional pero “amistosa” del Afganistán gobernado por los talibanes.
El medio alemán destaca el caso de varios YouTubers occidentales que han viajado a Afganistán bajo dominio talibán, entre ellos una joven alemana llamada Luisa, quien alcanzó la fama tras publicar videos bailando con locales e interactuando con combatientes talibanes. Según el artículo, su cuenta de TikTok fue creada justo después de su regreso y ya cuenta con cientos de miles de “me gusta” y decenas de miles de seguidores.
También se mencionan otros ejemplos, como un bloguero británico que narra emocionado cómo fue recibido en el aeropuerto de Kabul por “dos talibanes amables”, y luego recorre los mercados vestido con ropa tradicional; o un influencer estadounidense que cena en uno de los restaurantes más caros de Kabul, mientras la mayoría del país sufre una grave crisis de hambre y pobreza, y la presencia de organizaciones humanitarias ha disminuido drásticamente.
En la sección analítica del informe, Der Spiegel cita a críticos que califican este fenómeno como una forma de “turismo del desastre” que oculta la verdadera cara del régimen talibán. Se menciona a Mina Jawad, escritora germano-afgana, quien compara estas representaciones con “narrativas coloniales sobre tierras exóticas y vírgenes”. Ella afirma que los influencers, consciente o inconscientemente, están creando un relato en el que los talibanes no aparecen como un régimen opresivo, sino como anfitriones cultos y tradicionales.
El informe también recoge la indignación de la diáspora afgana. Según Der Spiegel, los videos han provocado fuertes reacciones entre afganos exiliados o refugiados, quienes acusan a los influencers de ser “cómplices de la propaganda talibán”. Una de las frases destacadas dice:
“Tú bailas con los talibanes mientras mis hermanas ni siquiera pueden ir a la universidad.”
El reportaje recuerda que desde que retomaron el poder, los talibanes han excluido a las mujeres de la educación superior, del trabajo en oficinas, medios de comunicación y muchos espacios públicos, violando sistemáticamente los derechos de la mitad de la población. Mientras tanto, los medios locales están bajo fuerte control y muchos periodistas han abandonado el país o trabajan en completo silencio.
Der Spiegel también recoge declaraciones de los propios influencers, quienes afirman que su intención “no es política”, y que simplemente desean mostrar una imagen distinta del país. Sin embargo, el reportaje concluye que esta aparente neutralidad beneficia a los talibanes, que están manejando hábilmente la narrativa para presentar su régimen como estable y seguro ante la comunidad internacional.
El artículo finaliza señalando que algunos de estos influencers, en los primeros días de su visita, estuvieron acompañados por escoltas obligatorias de los talibanes, y varios de sus videos fueron grabados bajo supervisión directa de los mismos.
Der Spiegel concluye que, ante la ausencia de medios independientes y periodistas profesionales en Afganistán, los influencers se han convertido en una nueva herramienta de los talibanes para reconstruir su imagen a nivel global.
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