POLPRESS: Algunos de los militares del anterior gobierno de Afganistán, después de cuatro años, siguen viviendo con identidades ocultas por miedo a la violencia y la represalia de las fuerzas talibanas.
Hace cuatro años, con el regreso al poder de los talibanes, colapsó la República Islámica de Afganistán, a pesar de contar con un ejército de 250.000 efectivos, muchos de los cuales eran chiíes afganos.

El régimen talibán, tras establecerse en Kabul, declaró una amnistía general y afirmó que ninguna persona del antiguo sistema sería interrogada, pudiendo continuar con su vida normal.
Sin embargo, pese a la proclamación de la amnistía, durante los cuatro años de gobierno talibán, los militares del régimen anterior han sido objeto de venganzas en diversos incidentes: algunos fueron asesinados, otros encarcelados y torturados.
Las Naciones Unidas han documentado en varias ocasiones los hechos relacionados con la venganza contra los militares del antiguo gobierno afgano y han compartido el contenido de sus informes con los talibanes. No obstante, los talibanes han negado cualquier represalia contra funcionarios y militares del gobierno anterior, reiterando su compromiso con la amnistía.
La continuidad de estas represalias ha sumido a muchos militares que aún viven en Afganistán en mayor temor y ansiedad, obligándolos a llevar una vida marcada por graves preocupaciones.
Ahmad (nombre ficticio), uno de los militares del gobierno anterior, relata que durante 12 años sirvió como miembro de las fuerzas especiales del ejército del Ministerio de Defensa en distintas provincias, entre ellas Paktika y Badakhshan. Cuando el antiguo gobierno cayó en manos de los talibanes, se encontraba en el distrito de Barmal, en Paktika.
Él dijo: «Con la caída del régimen, yo y las fuerzas que estábamos juntos entregamos las armas y el equipo militar al Emirato Islámico, y recibimos de su parte un documento que certifica que entregamos nuestro armamento, documento que aún conservo».
El militar agregó: «Después de entregar las armas, cada uno regresó a su respectiva provincia y se reunió con su familia. Al principio no teníamos preocupación, pero poco después, al escuchar las noticias, nos dimos cuenta de que los exmilitares estaban siendo víctimas de represalias, lo cual aumentaba día a día nuestra inquietud».
Señaló además: «Al cumplirse un año del gobierno del Emirato Islámico, en varias ocasiones se me llamó para que entregara mi arma y volviera al servicio. Respondí que ya había entregado mi arma y que poseía el documento que lo acreditaba. Debido a estas llamadas repetidas, me vi obligado a abandonar la ciudad y trasladarme a un distrito para continuar mi vida».
Hace ya dos años que dejó su ciudad y vive con grandes dificultades en una zona de Mazar, en el norte de Afganistán, con la esperanza de que «pase la tormenta» y pueda regresar a su ciudad sin temor a represalias, para retomar su vida y su trabajo.
No obstante, el reciente informe de la Oficina de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) revela que en los últimos tres meses de este año siete exmilitares del antiguo gobierno afgano han sido asesinados.
El informe trimestral de UNAMA sobre la situación actual en Afganistán indica claramente que los asesinatos, detenciones arbitrarias y torturas contra exmilitares por parte de las fuerzas del gobierno interino afgano continúan.
El documento también confirma el asesinato de siete exmilitares, perpetrado entre el 1 de abril y el 30 de junio de este año por las fuerzas talibanas.
Según el informe, UNAMA además ha registrado ocho casos de detenciones arbitrarias y tres casos de tortura contra antiguos funcionarios y militares.
Informe de investigación: La situación de los hazaras en Afganistán bajo el control talibán es grave

