POLPRESS: Una nueva ola de afganos que han abandonado la religión, en su mayoría refugiados en países occidentales, ha generado preocupación entre miembros del clero y sectores religiosos de Afganistán.
Aún no se conoce la cifra exacta de afganos que han renunciado a su fe, aunque se estima que su número asciende a varios cientos.
Algunos de ellos, residentes en países europeos, hablan abiertamente sobre su falta de creencias religiosas e incluso han concedido entrevistas a medios de comunicación para explicar las razones de su acercamiento al ateísmo. Uno de ellos es Nazifullah Torabi, originario de la provincia afgana de Bamiyán y actualmente refugiado en Suecia.

En declaraciones a la agencia de noticias Pol Press, Torabi afirmó que la primera vez que comenzó a cuestionar la religión fue durante su adolescencia en Bamiyán, en el centro de Afganistán. Sin embargo, explicó que el origen de esas dudas se remonta a cuando tenía apenas once años y fue víctima de abusos sexuales durante varios años en su lugar de origen.
Según Torabi, sus súplicas a Dios para ser liberado del “arbab” (terrateniente o patrón) de la zona, para quien trabajaba, nunca fueron respondidas. Explicó que, debido a las deudas de su padre con ese hombre, fue obligado a trabajar en su casa.
“El arbab abusaba sexualmente de mí. Incluso en algunas reuniones me hacía bailar y me obligaba a vestir ropa que no quería usar”, declaró Torabi a Pol Press.
Recordó que en numerosas ocasiones imploró a Dios que lo salvara, pero, según sus palabras, nunca obtuvo respuesta.
Torabi considera que aquel período marcó el momento más decisivo de su vida. Las experiencias vividas entonces influyeron posteriormente en el cambio de sus creencias sobre Dios y la religión. Nació en el seno de una familia musulmana chií.
En su lugar de origen, asistir a la mezquita para recibir enseñanza religiosa era prácticamente obligatorio para los niños y adolescentes.
Sin embargo, Torabi afirma que, mientras su padre acudía a la mezquita para realizar las oraciones, él nunca asistió a las clases de recitación del Corán impartidas por el mulá de la localidad. Por ello, asegura que no sabe leer el Corán.
La mayoría de las personas de su misma generación sí aprendieron a leer el Corán. No obstante, Torabi sostiene que incluso durante su infancia nunca mantuvo una buena relación con el mulá ni con la mezquita.
También recuerda que en repetidas ocasiones fue obligado a bailar en reuniones para hombres de edad avanzada e incluso, según su testimonio, a sentarse sobre las piernas de algunos de ellos.
Torabi afirma que fue víctima de abusos y agresiones sexuales de manera reiterada por parte de su patrón. Sin embargo, por miedo y vergüenza, evitó durante años contar lo sucedido a su familia.
Luz en las profundidades de la oscuridad
Nazifullah Torabi afirma que, cuando llegó a Suecia y descubrió que profesar una religión en ese país era una decisión personal y no una obligación, sintió una gran alegría. Desde ese momento decidió no creer en ninguna religión. Según este refugiado afgano, fue la primera vez en su vida que pudo tomar una decisión importante por sí mismo.
Torabi lleva años identificándose como ateo y, en sus propias palabras, «si realmente existiera un Dios, sin duda habría acudido en mi ayuda cuando más lo necesitaba».
Hasta ahora, hablar abiertamente sobre el ateísmo ha sido prácticamente imposible en muchos países islámicos, debido a que quienes abandonan o cuestionan la religión pueden enfrentarse a severos castigos.
El año pasado, la revista Estudios Seculares publicó un informe sobre la expansión del ateísmo en varios países de mayoría musulmana. El estudio señala que un porcentaje significativo de la población de Arabia Saudí, Turquía, Túnez y Argelia se ha alejado de las creencias religiosas, una tendencia que resulta aún más marcada entre las generaciones más jóvenes.
Los autores de la investigación describen este crecimiento de la falta de creencias religiosas en los países islámicos como un «tsunami silencioso del ateísmo». Aunque el estudio no analiza el caso de Afganistán y no existen datos precisos sobre cuántos habitantes del país se han distanciado de los compromisos y prácticas religiosas, diversos indicios sugieren que el escepticismo hacia las creencias islámicas y el abandono de las obligaciones religiosas también han aumentado en Afganistán en comparación con hace una década.

