“Excepto los portavoces, nadie más debe hacer declaraciones.” Esta es la nueva orden de Mullah Hibatullah, líder de los talibanes, emitida en un esfuerzo por aumentar su control sobre el grupo.

El líder talibán sabe bien que mientras sus opositores dentro de la organización no puedan demostrar que ha emitido un acto contrario a la Sharía (según la interpretación talibán), no podrán destituirlo. La lealtad al líder talibán es eterna, y cualquiera que se oponga a él es considerado un rebelde por los talibanes.
Este hecho ha provocado que aquellos talibanes que desean una mayor interacción con la comunidad internacional (léase Estados Unidos) para obtener reconocimiento formal del régimen talibán, no tengan muchas oportunidades para oponerse públicamente al líder talibán.

Hasta ahora, la disidencia interna en los talibanes se ha manifestado más a través de asesinatos y eliminaciones que por declaraciones en contra.
Consciente de la posición que tiene como Emir de los talibanes, Hibatullah busca utilizar su título para consolidar aún más su poder y debilitar a sus rivales. La emisión constante de órdenes y la transferencia gradual del poder de Kabul a Kandahar se enmarcan en esta estrategia.
Los opositores de Mullah Hibatullah, en estas circunstancias, para superar el férreo control de su Emir, tendrían que optar por un golpe de Estado, propiciar su muerte o resignarse a una censura perpetua y guardar silencio.
Seyed Ahmad Mousavi Mobalagh
