Veo tres razones principales para el cierre de las embajadas afganas en el extranjero.
1. Política
Afganistán ha dejado de ser relevante en la política mundial. Todo lo que queda del país en el escenario global está vinculado a su pasado, no a su futuro. La perspectiva de Occidente hacia Afganistán se centra en evaluar su participación militar, económica y política en función de lo que ya han hecho en el país. Por lo tanto, Afganistán se ha convertido en un gasto cuyo costo ha sido absorbido por la comunidad internacional.

2. Inteligencia
El papel de Afganistán en foros, negociaciones e interacciones internacionales ha sido relegado a oscuros pasillos de operaciones de inteligencia y acuerdos peligrosos, dejando poco espacio para la diplomacia. Por esta razón, las embajadas afganas ya no son útiles.
3. División interna
Los líderes y gestores de la República en los últimos tres años, en lugar de fomentar la unidad, se han atacado entre sí lo más que han podido. Desde Karzai, Ghani y Abdullah, hasta los líderes exiliados y figuras políticas jefes de milicias, tecnócratas, “demócratas”, étnicos, regionales y religiosos, todos han contribuido a una división tan profunda que no han dejado espacio ni para la unidad ni para la defensa del futuro de Afganistán. No lograron proteger ni sus propias embajadas, donde los diplomáticos estaban sumidos en la incertidumbre.

Ahora, imaginen qué gobierno estaría dispuesto a ceder su espacio diplomático a un grupo tan fragmentado, confuso y sin rumbo.
La verdad es que, como experto en relaciones internacionales, admiro a los diplomáticos que hasta ahora han logrado mantener la dignidad de nuestras embajadas. Sin embargo, la cruda realidad es que los líderes políticos y diplomáticos de la era republicana traicionaron a estos funcionarios, sacrificándolos en el frente diplomático, al igual que miles de soldados fueron sacrificados en el frente de batalla.
Dr. Malek Setiz

