En una época en la que Afganistán está bajo el dominio de un grupo que viola despiadadamente los derechos de las mujeres, este viaje ignora los principios y valores a los que se comprometió su difunto esposo, Muhammad Ali. Este viaje no solo es una ofensa abierta a las mujeres de Afganistán, sino también a todas las personas en el mundo que luchan por la libertad, la igualdad y los derechos humanos.

Muhammad Ali no era solo un campeón deportivo; era un símbolo de la lucha por la libertad y los derechos civiles. Se enfrentó al racismo y a la opresión, pagando un alto precio por sus principios. No solo fue un boxeador, sino una voz por la justicia y la dignidad humana. La decisión de Khalilah Ali de visitar Afganistán en un momento en que las mujeres de este país están literalmente despojadas de su humanidad representa un desprecio hacia esos valores.
Hoy en Afganistán, las mujeres ni siquiera tienen derecho a practicar deportes; han sido excluidas de todos los ámbitos sociales, culturales y políticos, y su voz ha sido prohibida bajo la ley de “promoción de la virtud”, considerándola un “pecado”. En este contexto, el viaje de Khalilah Ali a Afganistán envía un mensaje destructivo para las mujeres afganas y para la comunidad global: un mensaje que, en lugar de apoyar a las mujeres oprimidas, parece ser una aprobación tácita de los crímenes y abusos que se cometen contra ellas.
Khalilah Ali, quien vivió junto a un luchador por la libertad y los derechos humanos, debe ser consciente de que su presencia en Afganistán se ha convertido en una herramienta de propaganda para un grupo que, con sus políticas brutales, no solo ha eliminado los derechos de las mujeres, sino también la dignidad humana. Este viaje es una ofensa para las mujeres deportistas de Afganistán y del mundo, quienes luchan por la libertad y la igualdad de derechos a pesar de todas las dificultades. También es un insulto al legado de Muhammad Ali, quien jamás dejó de luchar por la justicia y la libertad.
Para todas las mujeres que hoy viven en Afganistán bajo la opresión y la discriminación, este viaje de Khalilah Ali representa una traición a los ideales que su esposo defendió durante toda su vida. ¿Muhammad Ali, quien se enfrentó a los poderosos por sus principios, habría aceptado ser un instrumento de propaganda para quienes no tienen respeto alguno por los derechos humanos?
La presencia de Khalilah Ali en Afganistán, aunque haya sido con buenas intenciones, en la práctica es una forma de apoyar las políticas opresivas que han encarcelado a las mujeres afganas.


Esta visita refleja dos momentos distintos: en su viaje durante la república, Khalilah Ali fue recibida por mujeres deportistas afganas; en este viaje actual, ya no queda ninguna mujer deportista en Afganistán que pueda recibirla ni se le permite hacerlo.

