Polpress – Richard Bennett, relator especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, reaccionó al ataque armado contra fieles en un lugar de culto en Baghlán.

La noche del viernes (22 de noviembre), Bennett escribió en la plataforma X que las minorías religiosas en Afganistán continúan enfrentándose a graves amenazas.
El relator especial del Consejo de Derechos Humanos expresó: “Las minorías religiosas siguen estando en grave peligro. Todos los afganos tienen derecho a practicar su fe en paz. Se necesita más prevención, protección y justicia.”
Bennett calificó como trágico el asesinato de 10 personas en Baghlán y expresó sus condolencias a las familias de las víctimas.
Cabe mencionar que el jueves, hombres armados abrieron fuego contra fieles en un lugar de culto conocido como “Ziyarat-e-Sayed Padshah Agha Sadat” en la antigua ciudad del distrito de Nahrin, provincia de Baghlán.
La comandancia policial de los talibanes en Baghlán informó que en este ataque “misterioso” murieron 10 residentes del distrito de Nahrin que estaban realizando oraciones.
Según las autoridades, las víctimas trabajaban durante el día para sustentar a sus familias y por la noche asistían al lugar de culto para orar.
Hasta ahora, ningún grupo ha reivindicado la autoría del ataque contra los fieles.
La huida de las minorías religiosas de la religión
Al mismo tiempo, dos hermanos afganos afirman que, debido a su odio y aversión hacia la religión, han adoptado el ateísmo.
Seyed Hassin Hashemi y Seyed Sajad Hashemi dijeron a la Polpress: “La base de todo retroceso, guerras, violencia y asesinatos es la religión, ya sea el Islam, el cristianismo o el budismo.”

Según Seyed Hassin Hashemi, antes de que Afganistán fuera gobernado por clérigos y líderes religiosos, el país era un lugar próspero, pacífico y habitable. Sin embargo, cuando la religión y la yihad se convirtieron en el eje del poder, la situación empeoró día tras día.
Afirma que la situación actual de Afganistán es el resultado de años de intentos de la religión por gobernar el país.
Seyed Hassin y Seyed Sajad abandonaron su tierra natal hace años y se refugiaron en Suecia.
Estos dos hermanos cuentan que, durante mucho tiempo, su vínculo ideológico con el islam se convirtió en un dilema mental hasta que finalmente tomaron la decisión de abandonarlo. Según ellos, su familia y parientes se opusieron firmemente a esta decisión y no les permitieron dar este paso.
En Afganistán, nadie se atreve a hablar abiertamente sobre creencias ajenas al islam. En los países islámicos, especialmente en Afganistán, aquellos que cambian de religión o se declaran ateos enfrentan castigos extremadamente severos. Los talibanes han declarado que la pena para estas personas es la lapidación.
El 99 % de la población de Afganistán sigue el islam. Un pequeño número de sijs e hindúes solía vivir en el país, pero la mayoría ha emigrado.
Aunque durante los últimos veinte años la libertad de expresión fue considerada uno de los principales logros del gobierno, hablar sobre la libertad de religión seguía siendo un tema tabú.
Seyed Sajad Hashemi afirma que el islam no reconoce la libertad de expresión y no tolera ningún tipo de crítica o cuestionamiento. Según él, incluso las normas establecidas hace siglos en Arabia Saudita, basadas en la cultura y geografía de aquel tiempo, siguen siendo aceptadas por los musulmanes de otros países sin posibilidad de debate.
El conflicto sectario, un problema cada vez más visible
Las diferencias sectarias han sido otro desafío que se ha vuelto más evidente desde el regreso al poder de los talibanes.
Los talibanes han restringido la práctica religiosa de otras creencias y, en particular, de los chiitas. A diferencia de años anteriores, ya no permiten la celebración pública de sus rituales. Además, no reconocen oficialmente la escuela chiita y han prohibido la enseñanza de su jurisprudencia en las universidades afganas.
A pesar de múltiples solicitudes de los clérigos chiitas para obtener reconocimiento oficial, los talibanes han ignorado sus peticiones.
Seyed Sajad Hashemi señala que uno de los principales factores detrás de las guerras y derramamientos de sangre en Afganistán ha sido la rivalidad entre distintas sectas del islam, una violencia que ha llevado a muchas personas, incluidos estos dos hermanos, al borde del ateísmo.

Según Seyed Sajad, los clérigos de Afganistán e Irán siguen promoviendo creencias que, en su opinión, son inaceptables en la era moderna, desde la prohibición del acceso de las niñas a la educación hasta la falta de derechos ciudadanos para las mujeres y la represión de su derecho a rechazar matrimonios impuestos por costumbres tribales.
El gobierno talibán y la creciente insatisfacción con el islam
Bajo el régimen ultra religioso de los talibanes, Afganistán atraviesa el período más oscuro de su historia.
Los talibanes afirman que gobiernan conforme a la sharíat, pero sus opositores sostienen que esta situación solo está generando un aumento en el descontento con el islam, un descontento que no deja de expandirse.
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