Polpress – Richard Bennett, relator especial de derechos humanos de las Naciones Unidas, afirma que el índice de suicidios entre las niñas en Afganistán ha experimentado un aumento significativo.

En una entrevista, expresó que la prohibición de la educación para las niñas mayores del sexto grado ha tenido un impacto devastador en mujeres y niñas.
Bennett declaró: «Ellas ven que sus vidas y oportunidades futuras están prácticamente restringidas al ámbito doméstico. Esto, junto con la posibilidad de matrimonios tempranos o forzados, ha llevado a miles de ellas a la depresión. La autolesión, incluido el suicidio y los pensamientos suicidas, ha aumentado de manera alarmante».
El relator especial de derechos humanos de la ONU subrayó que la prohibición de la educación para niñas afecta a toda la sociedad afgana, destacando que ninguna sociedad puede progresar si la mitad de su población no puede contribuir a la economía.
Indicó que las consecuencias a largo plazo de esta prohibición incluyen el aumento de la pobreza, la desigualdad de género, la violencia basada en género y el matrimonio infantil.
Bennett añadió que el sistema de discriminación, segregación y falta de respeto de los talibanes hacia la dignidad humana es integral y sistemático, implementado a través de decretos y políticas.
Según Bennett, las privaciones impuestas a mujeres y niñas en sus derechos fundamentales son tan severas y generalizadas que ha llegado a la conclusión de que podrían constituir crímenes de lesa humanidad, especialmente crímenes de persecución de género.
Enfatizó: «Estos son crímenes según las leyes internacionales. No solo persisten, sino que están intensificándose».
El relator especial de derechos humanos de la ONU, dirigiéndose a la comunidad internacional, afirmó que el coraje y la resistencia de las niñas afganas que luchan por su derecho a aprender no es simplemente heroico, sino que «sus voces nos recuerdan que la educación es un derecho fundamental, no un privilegio. Debemos amplificar sus historias y recursos para asegurarnos de que sus voces se escuchen en todas partes y no sean olvidadas».
Un prisionero afgano fue ejecutado en la prisión de Karaj, Irán

